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Alejandro

Hinnom

#Our father· Crepúsculo Rol




Hit me hard, right between the eyes.

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Hit me hard, right between the eyes.

Mensaje por Marius Lakkatus el Vie Feb 10, 2012 12:09 pm


Me revuelvo entre las sábanas al escuchar el sonido molesto de mi reloj despertador de tocador. No quiero levantarme, no quiero abrir los ojos. ¡Maldita sea! ¿Por qué no se calla de una vez? Giro hacia mi izquierda para tratar de alcanzarlo y apagarlo en la oscuridad de mi habitación, y lo único que consigo es tirarlo al piso, donde el ruido hace eco y se vuelve más ensordecedor.

– ¡Púdrete, maldito artefacto!

Termino boca arriba, aún perezoso para abrir los ojos. Acaricio un poco mi abdomen, encogiendo una de mis piernas, haciendo que la sábana se deslice hacia un costado, provocándome algo de frío. La alcanzo para taparme y acomodarme un par de minutos más antes de levantarme, pero es un intento fallido. Se ha atorado. Doy un par de jalones más hasta que finalmente cede un poco, acompañada de un gemido ligero.

Mierda…

Es entonces que abro lo ojos para encender la lámpara de mi mesita de noche. Cuando la habitación se ilumina por completo, me doy cuenta de que no estoy solo. Hay una mujer rubia envuelta entre las colchas de mi cama, durmiendo plácidamente (Al parecer, completamente desnuda) ¡Rayos! Me incorporo y me siento en el borde de la cama, donde trato de espabilar, acomodándome el cabello hacia atrás con ambas manos.

– Debes irte.

Le digo palmeándole el trasero con rudeza para que se despierte de una maldita vez. Me calzo las sandalias y me dirijo hacia un pequeño escritorio que se encuentra cerca de la ventana, para tomar la cajetilla de cigarros y el encendedor. Enciendo uno, dándole un par de caladas con fuerza para que termine de prender, ya que se encuentra un poco húmedo por la lluvia de hace unas pocas horas, cuando salí a buscar a una ramera en medio de un infernal aguacero, para tener algo de acción. Ya mi mente comienza a aclararse, porque el efecto de la droga ha disminuido. Ahora recuerdo perfectamente que la mujer aceptó venir a mi departamento sin más ni más, por una cantidad irrisoria: “Mejor esto que nada. Ha sido una mala noche, la lluvia aleja a los clientes”.

Husmeo entre las hojas de la persiana. Todavía llueve aunque con menor intensidad. La calle está poca transitada, salvo un par de hombres alcoholizados, que terminarán liándose en una pelea desigual, ya que uno de ellos es más alto y robusto que el otro. Me encantaría ver en qué termina el embrollo, pero no tengo tiempo. Tengo una cita en menos de media hora y aún no estoy listo.

Me alejo de la ventana, volviendo a invitar a la mujer a que se levante de una vez por todas y se marche, pero no parece querer incorporarse, así que no me deja otra alternativa masque jalar los cobertores, para arrastrarla hasta el piso. La mujerzuela se molesta y me lanza cantidad de improperios por ser “rudo”, pero poco me importan las palabrotas que salen de su boca - que sólo sirve para una sola cosa –. Estoy acostumbrado a tratar con tipas como ella. No me inmuto y poco me importa lo que piense de mí. Levanto mi jean del suelo, saco mi cartera y le arrojo un par de billetes de cincuenta.

– Es más de lo que me has pedido. Date por bien servida. Levanta tus cosas y lárgate. Tengo cosas que hacer y me estorbas.

Ella me fulmina con esos ojos que están rodeados por rímel negro, mismo que se ha corrido por una de sus mejillas, al igual que su labial barato. Echo un rápido vistazo a mi cama y observo que ha dejado un par de manchas de maquillaje. Tendré que mandar todo el servicio de la cama a la lavandería o tirarlas a la basura – que es lo más factible – Bitch. Envuelta entre la sábana, se levanta para alcanzar su minifalda de lentejuela roja y su top negro, que descansan en el respaldo de la silla, al igual que sus medias de red, que terminaron echas girones por lo intenso del encuentro. Vuelve a mirarme para reírse de manera cínica, al mismo tiempo que se coloca sus zapatillas de plataforma, de escandalosos dieciséis centímetros de tacón. Yo mientas tanto, me acerco a la puerta de salida para entregarle su saco de terciopelo y plumas, junto con su bolso. Abro la puerta invitándole a salir. La chica se acerca, toma sus cosas y se atreve a rozar mis labios con sus dedos, obligándome a retirar mi rostro. No quiero que me toque. Termino por cerrar la puerta de un fuerte golpe. No sé por qué me siento molesto, si fui yo quien la fue a buscar. ¿Por qué?

Descanso mi espalda sobre la puerta, el cigarrillo se va consumiendo lentamente entre mis dedos. El departamento está sepulcralmente callado, a media luz, casi a oscuras. Necesito algo de ruido que despeje mi mente de pensamientos estúpidos y huecos. Un poco de música no me vendría mal. Como autómata, llego hasta la sala, prendo la luz, y enciendo el computador para buscar algo de mi agrado. En alguna carpeta debe de haber algo que me levante el ánimo, siendo "Underwolrd", el grupo indicado, después de un rato de desechar algunos grupos de rock pesado. Subo todo el volumen de las bocinas bose que tengo conectadas al CPU, completamente satisfecho de mi elección. Ahora lo que me hace falta es una buena ducha con agua caliente para refrescarme.



Drive boy dog boy
dirty numb angel boy
in the doorway boy
she was a-lipstick boy
she was a-beautiful boy
and tears boy
and all in your inner space boy
you had hands girls boy
and steel boy



Mientras la canción sigue su ritmo, regreso a mi habitación para tomar una toalla limpia. Entro al baño y lo primero que hago es mirarme en el espejo. Tengo un par de ojeras muy pronunciadas bajo mis ojos, por las desveladas de la semana y el consumo de estupefacientes, mas nada puedo hacer. No han sido buenos días realmente, porque no he podido sacármelo de la cabeza ni un puto segundo. He tratado de olvidarlo a toda costa, yendo de aquí a allá, de fiesta en fiesta y de cama en cama. ¿Pero a quién quiero engañar? Ése maldito alemán se ha esparcido por todo mi torrente sanguíneo, como un virus mortal. Lamentablemente para mi ego, no hay una cura posible hasta el momento; estoy enredado en su telaraña hasta el culo. ¡No sé cómo fue que me deje convencer de tener una cita! ¡Debí estar demasiado drogado aquél día que acepté¡ ¡Cuánto odié encontrar ese mensaje suyo en mi contestadora, mismo que repetí una y otra y otra vez hasta el cansancio! Pero joder… Me encanta su voz y ése extraño acento al hablarme en inglés, que me lleva directo y sin escalas al mismo infierno.

¿Qué fue lo primero que hice al terminar de escuchar su mensaje? levantar la bocina y marcar su número como desesperado, pero al recibir contestación del otro lado de la línea, colgué. ¡Fui un cobarde! Y no fue sino hasta la tercera vez, que le indiqué a su mayordomo encopetado, que le pasara la llamada para quedar de acuerdo. Las piernas me temblaban y la voz parecía negarse a salir por mi garganta, pero vamos ¡Soy Marius Lakkatus! Aquél que se jacta de tener siempre todo bajo control. Fui un buen actor fingiendo parecer poco interesado cuando acordamos la cita, pero por dentro, el corazón se desbordaba. Cuando me despedí de él y colgué, sentí que el piso se movía en todas direcciones. ¡Me dejé convencer fácil y a la primera! Negué con la cabeza por ser débil de carácter cuando se trata de Guido. Todo lo que intenté para olvidarlo fue en vano, en cuanto lo oí susurrar en el otro extremo de la línea. ¡Mil veces maldito!

Niego con la cabeza y abro la llave del agua caliente y de inmediato la del agua fría para regular la temperatura. Enjabono mi cuerpo y el cabello con premura, porque ya voy corto de tiempo y no quiero hacerlo esperar, aunque claro, estoy pensando que hacerme el interesante unos diez minutos no estaría nada mal, no quiero que se dé cuenta de que me tiene loco. Primero muerto antes que ser obvio ante sus ojos. Aprovecho para rasurarme ante un pequeño espejo que tengo pegado debajo de la jabonera, así agilizo el tiempo y mato dos pájaros de un tiro. Termino de bañarme, envuelvo la toalla alrededor de mi cintura, mientras me coloco loción after shave en el rostro. Me calzo nuevamente las sandalias y me encamino al cuarto para abrir el armario y sacar ése traje que me vi obligado a comprar para la dichosa cita. Es un atuendo demasiado ostentoso para mi gusto, pero fueron órdenes precisas de Guido. Yo hubiera preferido ir a tomar un café a cualquier lado friky, pero el “señor” decidió que ir a un restaurante de abolengo era una mejor idea. ¡Yo que coños tengo que hacer ahí, rodeado de burgueses adinerados! Siempre me ha parecido demasiado elitista asistir a esa clase de lugares, pero siempre hay una primera vez, y si tengo que hacerlo para ver a ese idiota alemán, tendré que morderme la lengua y rumiar mi coraje.

No me ha sido difícil disfrazarme de gente decente. Al mirarme al espejo de cuerpo completo, debo reconocer que bien puedo pasar por un tipo de alta sociedad, aunque el odioso nudo de la corbata no parece quererse quedar quieto en su lugar. Ya lo he hecho y vuelto hacer unas tres veces y el resultado es el mismo. Ni hablar no puedo hacer más. Saco de debajo de la cama, la caja de zapatos nuevos que hacen juego con el traje y los miro con detenimiento. Me los pruebo y camino un poco en el suelo alfombrado. No se ven nada mal pero… al mirarme una vez más al espejo siento que no soy yo. ¡Ese tipo no es Marius! Tengo que conservar algo de mi identidad si quiero salir ileso de mi pequeña aventura. Los arrojo hacia una esquina, y en su lugar escojo mis tenis van color rojo que tanto me gustan. Un toque muy llamativo pero rebelde, que va de acuerdo con mi personalidad. Siento mucho si a Guido no le gusta, pero ya lo tengo decidido, así me iré y no hay marcha atrás. Con esto quiero que se dé cuenta de que – aunque he decido ceder un poco el terreno – todavía sigo siendo yo, el muchacho desgarbado y friky que va libre por la vida.

Doy el último toque a mi cabello. Reviso que no se me olvide la cartera y las llaves del departamento. Apago el aparato de música y por último todas las luces y cierro con llave. Bajo las escaleras, hasta la planta baja – ya que vivo en un tercer piso – abro la puerta de cristal y me doy cuenta de que sigue lloviendo, y para mi mala suerte, la mujer sigue ahí parada, resguardándose de la lluvia, bajo la marquesina.

– ¿Qué haces aquí? – le pregunto con mucha molestia. – Hace tiempo que debiste haberte marchado - Le digo esto, al momento en que un automóvil último modelo, se estaciona justo enfrente de los dos.


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Re: Hit me hard, right between the eyes.

Mensaje por Guido Wulff el Dom Feb 12, 2012 1:18 pm

Abrí mis ojos de golpe y me senté de inmediato en la cama con la espalda apoyada al respaldar. Miré hacia el frente, con la esperanza de no encontrarme con aquella asquerosa puerta de madera, y… no estaba. Suspiré aliviado y dejé que mis manos se posaran suavemente sobre mi colchón. Por un momento había creído que me encontraba nuevamente en el hospital, pero al parecer todo había sido un sueño. Un horrible sueño. No quería regresar nunca más a ese lugar, nunca más. Sí, me habían ayudado y mucho pero encerrarme en un cuarto diminuto de un hospital no era lo que yo tenía planeado con mi vida. Aunque a decir verdad… no tenía nada preparado para m vida.

-Señor Guido…-

Miré la puerta pero no respondí nada, aquello de no tener planes me había dejado pensativo. Quizá ya era hora de madurar y comenzar a planear cosas. Podría por ejemplo pintar nuevamente. Miré mis manos. Pintar era una buena opción.

-Señor Guido, su traje está listo.-


¿Mi traje? -¿Qué traje, Alfred?- Ahora si respondí, y gritando como era costumbre.

-El traje para su almuerzo de hoy.-

¿El almuerzo de hoy? –Marius…- ¡Carajo! Me levanté de un salto de la cama y abrí la puerta para que entrara. -¿Pero por qué no me despertaste, Alfred?- Me fui sacando como podía la pijama y luego le di dos palmadas a la cama creyendo que así ya estaba perfectamente arreglada. Le arrebaté el traje y salí corriendo al baño, esquivando unos pinceles que se encontraban en el suelo. –¡Te dije que me levantes!-

-Señor usted no dijo na…-

Cerré la puerta de golpe y miré mi reflejo en el espejo. Uh… mendigas ojeras. -¡No me prepares nada de comer! Y… encárgate de la reservación.- Mojé el cepillo de dientes y le puse dentífrico rápidamente para comenzar la rutina.

-Ya está todo preparado, señor.-

-¡Bien!- Y se escapó un poco de espuma por responderle. Que asco. Me limpié pasándome la palma de la mano y proseguí rasqueteándome las encías con tanto ímpetu que poco faltaba para sacarme sangre. Sinceramente la idea de ir a comer a un restaurante elegante no me era para nada atractiva, pero todo era para incomodar a Marius. Y más que incomodarlo, era para tener ventaja. Era evidente que aquel sujeto no estaba acostumbrado a restaurantes de lujos y todas aquellas ridiculeces, y estaría tan ocupado intentando parecer normal que quedaría vulnerable a mis ataques mentales. Algo me decía que aquella tarde por fin admitiría que se moría por mí. Escupí la espuma acompañada con un poco de sangre. Me enjuagué y sonreí en algunos ángulos para comprobar que mis dientes estaban relucientes.

Bañarme y vestirme no tomo mucho tiempo y ya en menos de treinta minutos estuve listo para salir. Alfred estaba esperando en la sala con las llaves del carro y con un papel en donde estaba escrita la dirección del restaurante. –Muchas gracias.- Le sonreí y le di unas palmadas en el hombro en señal de agradecimiento. Alfred era como un papá para mí y, a pesar de que yo a veces le exigía más de la cuenta, siempre buscaba hacer todo lo que yo quería. –Vengo temprano o… tarde, depende si me aburro rápido.- Me encogí de hombros y salí rumbo al parqueadero.

Una vez allí, presioné el botón del llavero y un sonido me indicó la posición del auto. Hace tiempos que no conducía, esperaba no chocarme. Salí disparado del parqueo y comencé a manejar rumbo a aquel barrio de quinta en donde vivía Lakkatus. Llegar no fue complicado, sólo tenía que conducirme rumbo a los edificios más horrendos y llenos de grafitis de Hinnom’s y listo. Así lo hice y, bajé la velocidad mientras miraba de izquierda a derecha en busca de la construcción correcta pero no fue necesario en cuanto divisé a Marius vestido con aquel traje y… ¿con zapatos rojos? Levanté las cejas. Siempre tenía que llamar la atención. Me parqueé frente a él y noté como cruzaba palabras con una mujerzuela. Vaya… la había visto a lo lejos pero creí que estaba trabajando, no sabía que el rumano tenía aquellas amistades.

-¡Hey!- Grité al tiempo en que el vidrio automático bajaba. -¿Quieres dejar de molestar a la gente cuando trabaja y subir de una vez?- Siempre grosero, así era yo. –Vamos a llegar tarde.- Aunque a decir verdad no sabía ni a qué hora estaba hecha la reservación así que, mientras Marius se despedía de su amiga la puta, yo desdoblé el papel que me había dado Alfred y lo leí rápidamente. –Cinco y cuarto.- Y eran las cuatro y cuarenta y cinco, teníamos tiempo. Pero de todos modos era divertido joderlo.

-¿Ya?-
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Re: Hit me hard, right between the eyes.

Mensaje por Marius Lakkatus el Lun Feb 13, 2012 11:18 am

Cuando el vidrio polarizado del coche bajó, me di cuenta enseguida de quién se trataba. Nadie en el mundo tiene ojos tan grandes y expresivos como él, sumado al humor agrio que siempre lo caracteriza. Así es Wulff ni más ni menos, un alemán burgués muy pagado de sí mismo, que tuvo que cruzarse en mi camino, una vez hace algunos meses en un antro de mala muerte; y a partir de ése momento, nuestros encuentros “casuales”, dejaron de ser eso mismo: Una casualidad, para convertirse en una causalidad. Y una de estas, causalidades, era por la cual me encuentro ridículamente vestido – a mi parecer – evitando rascar mi cuello, ya que el maldito cuello de la camisa me está matando. Bien podría estar en éste momento, acostado en mi cama, tomando un par de cervezas, acompañado de una pizza de carnes frías, viendo películas en la televisión de paga.

La realidad es otra.

Llueve, ya estoy muy hambriento y estoy a pocos pasos de abordar un Audi, color gris metálico, de cinco puertas. No debo extrañarme en lo absoluto; el alemán ponzoñoso siempre ha tenido estilo y muchos dólares para despilfarrar a manos llenas, dándose la gran vida. Una vida que sólo he podido saborear en sueños o cuando la droga y la bebida me transportan a otro nivel de percepción sensorial, haciéndome creer que encajo a la perfección en éste moribundo planeta, o me equivoqué de galaxia. Muy filosófico pero cierto. Me pregunto si yo puedo pertenecer a ése mundo en el que Guido se desenvuelve, ya que somos como el agua y el aceite. Hasta el momento, siempre me he preguntado el por qué me busca con frecuencia, aunque sólo platiquemos de cosas estúpidas sin mayor relevancia. He pensado que sólo quiere acostarse conmigo y que yo sería una especie de trofeo en su vitrina virtual de egocentrismo, ya que mi fama de: “Me acuesto con quien yo quiera y no porque tú me lo pidas”, me precede.

Nunca antes le he dado a entender que me gustan los chicos, aunque debe intuirlo. Éste feeling, es difícil de ocultar. Mucho más entre él y yo. Algunas ocasiones hemos estado a nada de traspasar ésa barrera que hemos puesto por ambas partes y mandar al diablo a todos, pero por extraño que pueda parecer, siempre terminamos acobardándonos, e ingeniosamente nos las arreglamos para cambiar el rumbo de las cosas, ya sea con algún comentario fuera de lugar o un simple empujón. Es por eso que ésta noche me siento nervioso. Es nuestra primera cita oficial – si es que puedo llamarlo así –. Iremos a un restaurante para gente normaly nos comportaremos como marcan los cánones de etiqueta. Aunque estoy seguro de que voy a fracasar en el intento. Nunca en toda mi puñetera vida, he pisado sitio igual y desconozco todos los procedimientos. Estoy comenzando a pensar que Guido lo ha hecho a propósito y que quiere llevarme a un terreno que maneja a la perfección y termine haciendo un papelón; pero no sabe que puedo ser camaleónico cuando me lo propongo.

–Ya puedes irte gatita, luego te llamo.

Vuelvo a palmearle el trasero con total descaro, mientras camino por enfrente del automóvil con toda la calma del mundo, deslizando mi mano por encima del cofre. Abro la puerta trasera – no la del copiloto - y penetro, inundándome de inmediato de todo el ambiente que rodea a Wulff. En primer lugar, el olor de su colonia que siempre me ha gustado y que nunca me he atrevido a preguntar por el nombre, porque terminaré haciéndome a la idea, de que el precio de la misma, rayará en lo absurdo y que nunca estará al alcance de mi bolsillo, si es que quiero hacer las tres comidas durante una semana. En segundo lugar, la canción que escucha a poco volumen: “Sweet child o´mine” de Guns N´ Roses – típico de él – y… No quiero voltear y mirarlo con detenimiento. Siempre me ha gustado ver como viste, ya que tiene buen gusto por la ropa y estoy comenzando a pensar que no fue buena idea traer zapatos rojos. Espera. Un momento. ¡No voy a dejarme amedrentar! Decidí traerlos conmigo y punto final. Así es Marius, le pese a quien le pese.

–Así que ésta es tu cafetera – me refiero al auto obviamente –. Esperaba algo mejor francamente, pero no está nada mal. Puedo acostumbrarme. Muy bien “Jaime” ya puedes arrancar, y llevarme a cenar – me río -. No quiero llegar tarde, o te descontaré de tu sueldo. Anda de prisa – palmeo el respaldo de asiento.

Siempre he sido curioso y hoy no es la excepción. Mientras Guido arranca y da vuelta en la siguiente esquina, yo abro una maleta que descansa justo a mi lado y comienzo a sacar todo lo que en ella contiene: La funda del cd del disco que va escuchando, algunas notas de servicios al auto (cambio de aceite, alineación, balanceo, etc) otros documentos más - de la clínica donde estuvo internado, con cantidades estratosféricas que casi me provocan un tic en el ojo – y una caja de condones.

–Me imagino que ésta caja debe ser el equivalente a tu tarjeta “American Express dorada”, ya que no sales sin ella. – hago alusión a un estúpido comercial que tanto odio -. No te molestará si tomo uno ¿verdad? - sonriendo, saco uno de su diminuto paquete aceitoso y comienzo a inflarlo con la boca, hasta llegar a un tamaño considerable -. ¡Wow! Estos sí que son resistentes. Buena marca, me han convencido. Recuérdame pasar por una farmacia al regresar. – y como si fuera un globo común y corriente comienzo a desinflarlo justo al lado de su oído, sólo para fastidiarlo. Me encanta hacerlo enojar, porque su lenguaje pasa de ser refinado a florido, en cuestión de segundos, haciéndolo ver más sexy y atractivo a mis ojos.


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Re: Hit me hard, right between the eyes.

Mensaje por Guido Wulff el Lun Feb 13, 2012 5:39 pm

Quince segundos de espera fueron suficientes para que mi dedo índice cobrara vida y comenzara a golpetear el volante de mi auto. ¿Qué le pasaba a Marius que no subía rápido?, ¿y qué le pasaba a esa mujer que no dejaba de mirarlo de pies a cabeza? Miré al rumano y luego a la mujerzuela. –Claro…- Seguramente habían estado revolcándose en la cama horas atrás y muy la inocente había creído que aquellos vehementes besos que había recibido significaban que Lakkatus la amaba: pobre ilusa. Y pobre infeliz de Marius que no había podido escoger otro día para hacer de las suyas. ¿Por qué justo el día en que iban a salir a cenar?, ¿por qué? Ahora tendría que aguantar el olor a puta que seguramente se le había impregnado en ese traje nuevo –sí, era obvio que era su primer uso-. Maldito Marius.

Lo veo caminar por delante de mi carro acariciando el capó con tanta lentitud que parecía que sus dedos degustaban la pintura de mi auto. Varias ideas pasaron por mi cabeza: una era pisar el acelerador y pasarle el carro por encima; otra era presionar el botón que abría el cofre y propinarle un buen golpe en la mano; pero, finalmente, opté por simplemente pitar y hacerle una seña con la mano para que se trepara y dejara de juguetear.

Me sorprendió que se subiera en el asiento trasero, pero no dije nada porque era claro que lo hacía únicamente por molestarme y yo no le iba a dar semejante privilegio. –Tu primera vez en un Audi, ¿no?- Le devolví el golpe y lo miré a través del retrovisor. El parecía no querer devolverme la mirada, estaba más entretenido analizando todo el interior del auto así que mejor me tragué unos cuantos comentarios ácidos que tenía en mente.

–Así que ésta es tu cafetera.-

-Sí, ¿te gusta?- Contesté con orgullo.

-Esperaba algo mejor francamente…-

Si no hubiera tenido mi rostro tensado por mi ceja tan enarcada, seguramente mi mandíbula se hubiera caído ante tamaño descaro. ¿Jaime?, ¿tarde?, ¿quién coños se creía? Si quería, podría bajarlo del carro en ese mismo momento, pero… pero teníamos una reservación y yo no quería perder el dinero que había gastado en ellos. -¿Desde cuándo te importa el dinero, Guido?- ¡Cállate!

-No tuviéramos que ir de prisa si alguien no se hubiera quedado entretenido con una puta.- Le respondí de mala gana en el momento en que presioné el acelerador con fuerza y giré bruscamente en un sentido que, sabía, le haría perder el equilibrio a Marius. Efectivamente se tambaleó un poco y, ver sus manos aletear en el aire hasta agarrarse del respaldar de uno de los asientos frontales, me pusieron de mejor humor momentáneamente. –Idiota.- Pensé sonriendo y comencé a conducir con más tranquilidad.

Nos quedamos en silencio. Pero no fue por mucho porque, en el momento en que doblé en la esquina, el sonido característico del cierre de mi maleta me distrae. Miro por el retrovisor. -¿Qué haces?- Le pregunto sin despegar la vista del frente porque dentro de los planes no está matarme. Lo veo sacar un sin número de papeles que, si mal no recuerdo, son facturas y recibos que debo entregarle a Alfred para que el haga su magia tributaria. -¿Quieres dejar eso en paz?- Me refiero a los condones que acababa de sacar. –Son más caros que tus zapatos rojos.- Eso no era cierto. –Hey… que los dejes.- De repente me estoy distrayendo más de lo debido y, aquel sonido chillón como de un globo desinflándose en mi oído, fue la gota que derramó el vaso.

-¡Mierda!- Me pego bruscamente a un costado de la calle y freno de golpe. -¿Quieres parar?- Volteo a verlo con un semblante notoriamente disgustado. –Coño, pareces un puto niño de cinco años. ¡Vente para el frente!- Señalo el asiento del copiloto. –Y muévete, que si sigues así nos vamos a chocar.- Desvío la mirada hacia los papeles desparramos por toda la parte de atrás. –Y guarda todos esos papeles, se los tengo que dar a Alfred.- Me quito el cinturón de seguridad y me volteo, ahora sí completamente, para comenzar a recoger todas las facturas que el “niño Marius” había sacado.

-¿Vas a ayudar o te quedarás allí sentadote?- Meto un fajo de papeles a la maleta y me estiro por más. -Y devuélveme eso.- Le arrebato la caja de condones que yacía en su mano y la meto en el bolsillo delantero de mi camisa. Maldito Marius, maldito.

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Re: Hit me hard, right between the eyes.

Mensaje por Marius Lakkatus el Mar Feb 14, 2012 8:56 am

Generalmente Guido se toma mis bromas ácidas (a las cuáles les llama: Niñerías) con una poca de tolerancia, pero es más que obvio que está molesto por lo que acaba de presenciar y no puedo sentirme más complacido La nalgada a la ramera fue todo un éxito. Lo hice con toda la intención de hacerlo enfadar y que sintiera algo similar a los celos – si es que por las venas del alemán corre algo parecido a la sangre -. Sus niveles de dopamina y norepinefrina deben estar elevados, y la ira – que va enteramente ligada a ésta reacción química - se hace presente con cada uno de sus comentarios mordaces, creyendo que con esto voy a sentirme herido en mi orgullo.

Para su mala suerte, he ido conociéndolo poco a poco y sé que en el fondo no lo dice con verdadera intención, aunque reconozco que en ciertas ocasiones, mi comportamiento deja mucho que desear. Pero estoy seguro que el debe saber que yo soy un sujeto cambiante y que bien podría considerárseme bipolar. De un momento a otro puedo, pasar de la euforia al encabronamiento en cuestión de segundos, pero hoy me siento extrañamente relajado – a mi manera - y ¿feliz? no lo sé, es sentimiento nuevo que no logro descifrar por el momento.

Wullf sigue retándome airadamente y yo le doy por su lado, ya que si le sigo el juego, terminaremos liados en una pelea verbal que terminará en un verdadero desastre. Le daré un último toque a nuestro encontronazo en el auto, antes de portarme “serio”. ¿Me quiere en el asiento de enfrente? Pues eso tendrá. Si piensa que saldré del automóvil está muy equivocado. Mientras él se estira para guardar el resto de las cosas en la maleta, yo me cruzo hacia el frente, pisando los asientos de piel descaradamente, sin claras intenciones de ayudarle a recoger sus cosas.

–Aquí me tienes Wulff, tal y como lo pediste. De saber que me querías más cerca de ti, me hubiera sentado aquí desde un principio. Conmigo no tienes que ser tímido – atrevo a palmearle el rostro una vez que lo tengo a mi alcance. Quiero estacionarla ahí, pero sé que sería inútil. Ya me puedo esperar el manotazo fatal para quitar mi sucia mano de su rostro. Si, es algo que él haría, típico.

–Es la primera vez que te veo manejar, y sin tu inseparable Alfred. ¿Le diste el día, o lo mandaste directamente a arreglar los papeles de la aseguradora por si nos estrellamos por el camino?
– Me río a carcajadas – Pobre hombre, lo compadezco. Tener que soportar y atenderte los 365 del año, debe ser agotador. – Por acto reflejo busco la cajetilla de cigarros en la bolsa interior de mi saco, pero para mi mala fortuna, los he olvidado en el escritorio de mi habitación. Salí tan apresuradamente que me olvidé por completo

– Shit… olvidé el vicio en el departamento. Hagamos una parada técnica antes de llegar, a donde coños sea que me vas a llevar. Los necesito.

Guido sigue manejando, con la mirada hacia el frente, muy concentrado. Daria lo que fuera por saber lo que está pensando en éste preciso momento, pero como no soy adivino, ni creo en esas patrañas, me conformo con observar detenidamente su perfil y darme cuenta que tiene algunas pecas en la nariz y sus labios están extrañamente rojos ésta noche. Quizás siempre los ha tenido así, ya que nunca había estado lo suficientemente cerca y con las manos quietas para darme cuenta. Y su cuello…

Finjo estirarme un poco, observando el paisaje a mi derecha, mientras mi brazo izquierdo se va elevando lentamente hasta el respaldo de su asiento, posándose detrás de su nuca. Sigo sin voltear, haciéndome tonto, palmeando mi muslo con la mano, al ritmo de la canción que está a punto de finalizar. Mis dedos están a nada de hacer contacto con la piel de su cuello. Tarareo la canción que recién comienza… Falta ya tan poco…

El semáforo se ha puesto en rojo. Sería el momento idóneo para acariciarlo y al mismo tiempo atraerlo hacia mí con rapidez, no darle tiempo de reaccionar y besarlo como si no hubiera un mañana, pero el muy idiota ha metido a fondo el acelerador pasándose el maldito alto y con ello, echar por la borda mi plan de ataque, ya que un camión de doble eje ha estado a punto de colisionarse con nosotros.

– ¡Qué demonios pasa contigo! – la mano que antes iba destinada a hacer otra clase de maniobras, termina posándose en el volante para tocar varias veces el claxon del Audi, contestando a la mano del trailero que nos ha hecho una señal obscena con los dedos –. ¿No sabes que tienes que responder a ésta clase de estupideces? – le digo a Guido sumamente molesto – Y mucho más cuando el causante has sido tú. Debes de mostrarle quién es el que manda. Te falta malicia al manejar, alemán. Pero claro, qué se puede esperar. Tú no eres un hijo de la calle.

Uno de mis pies comienza a moverse nervioso, mientras trato de arreglar mi cabello con ambas manos por inercia. Estoy endemoniadamente enojado. No tanto por el percance, sino porque siempre ocurre lo mismo. Cada que quiero dar el primer paso, algo extraño ocurre, interponiéndose entre los dos. Estoy llegando al grado máximo de mi paciencia. Estoy pensando que es Guido quien me evita a toda costa, deliberadamente. ¿Pero por qué? Si no quisiera nada conmigo, no estaríamos yendo rumbo a una maldita cena para ñoños. Bien pudo haber invitado a alguien más, ¡bien pude haberme ido de puto con algunos amigos!, pero no… Estoy dentro de un auto, con rumbo desconocido. ¡Genial! Ya sólo falta que me mee un perro, y Wulff ni se inmuta, sigue manejando como si nada hubiera pasado.

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Re: Hit me hard, right between the eyes.

Mensaje por Guido Wulff el Mar Feb 14, 2012 5:39 pm

Una mancha. Una mancha gris. Una mancha gris en el asiento trasero de mi auto. Una mancha gris en el asiento trasero de mi auto con la forma del zapato de Marius. –Pero mira por donde pisas, Lakkatus.- Tuve que agacharme un poco para que en su turbulento traslado no me vaya a pisar a mí también y luego le caí a golpes al asiento de cuero para intentar sacudir un poco el polvo. Ni hablar, al llegar a la casa le pediría a Alfred que lo mandara a lavar. Terminé de guardar el resto de papeles y cerré la maleta.

–Sí, aquí te tengo. Estoy tan feliz.- Sarcasmo a la orden del día. Giré las llaves para encender el auto y comencé a manejar con intención de no volver a abrir la boca en todo el camino al restaurante. Definitivamente aquel no tenía remedio, uno que intentaba portarse civilizado y pasar un día medianamente normal y el otro emperrado en portarse como un macaco recién sacado de la selva. Estaba un poco enojado, sí. Pero no por el auto, ni por los papeles, ni por la palmada que me acababa de dar en la mejilla en un intento de dárselas de “galán matador”; estaba enojado por la actitud jocosa de Marius que al parecer había venido con un letrero de: “Te joderé la tarde”. Pero bueno, ese era un juego que yo también podía jugar y faltaban segundos para que yo saque mi letrero de: “A ver quien te jode la tarde antes”.

Me dijo que era la primera vez que me veía manejar y luego preguntó por Alfred. -¿El día libre? No, Alfred no necesita días libres.- O eso creía yo porque nunca me los había pedido. Doblé a la derecha en la esquina siguiente y en ese momento un mordaz comentario golpeó mi oído. ¿Soportarme había dicho? Alfred no me “soportaba”. Él era de las pocas personas que me quería de verdad y no me mantenía “lejos y con plata” como otros. Pero eso no tenía por qué saberlo Marius, eran cosas mías. –Y en años bisiestos me soporta trescientos sesenta y seis días, pero de todos modos le pago por ello así que no tiene por qué quejarse.- Un comentario acertado que seguramente lo dejaría con la boca callada.

Continué manejando y ahora sí ignoré olímpicamente todo lo que me decía. ¿Qué se le había olvidado el vicio? Pues bien por él, ahora que se retuerza en el asiento al no tener nicotina en la sangre. –Estamos con el tiempo, Marius. No podemos hacer ninguna parada.- De hecho si podíamos pero el objetivo era desesperarlo. –Pero no te preocupes que tengo unos parches de nicotina que te podrían servir.- Sonreí de mejor humor y levanté la vista al retrovisor para mirar su reacción… o mejor dicho: su mano. ¿Pero qué estaba haciendo? -¿Los quieres ahora o te los doy en el restaurante?- Y esos dedos comenzaron a avanzar sigilosos, ¿acaso creía que no me daba cuenta? Negué con mi cabeza para mis adentros. Que táctica más anticuada, al menos algo de creatividad, ¿no? Volví la mirada hacia el retrovisor una y otra vez, estaba extrañamente excitado por lo que pasaría en pocos segundos pero, justo cuando sus dedos se estiraron para rozar mi nuca, se me metió el diablo y pisé el acelerador con fuerza para pasarme un rojo y esquivar, casi que por suerte, un camión que ahora manejaba detrás mio lanzando toda clase de insultos.

“Maricón. Animal.” Sonaba en mi oído izquierdo y por el derecho Marius dándome una clase de cultura callejera. ¡Al diablo los dos! –¡Cállate, coño!- Frené de golpe. A este paso no llegaríamos nunca. –Ve a comprar tu puerco cigarrillo y regresas.- Aplasté el seguro de las llaves y abrí las puertas. Sin nada más que decir me desabroché el cinturón de seguridad y me crucé de brazos.

-¿A qué esperas? Vamos a llegar a tarde.- Lo miré directo a los ojos. –Anda, anda. Yo te espero aquí.- Lo animé a que saliera con un gesto de mi mano. En parte me haría bien que se retire por un momento, porque a este paso iba a terminar asesinándolo antes de llegar a la comida y eso no era parte de mis planes.
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Re: Hit me hard, right between the eyes.

Mensaje por Marius Lakkatus el Miér Feb 15, 2012 3:18 pm

Pensé decirle que no quería más los cigarrillos y que encendiera el auto para llegar de una buena vez al restaurante, pero los necesito, ya no por el vicio en sí, sino para que me ayude a tener la boca cerrada. Es notorio que el ambiente se está poniendo demasiado tenso y los ataques de ambas parte se vuelven más punzantes e hirientes. Si acepté la cita fue porque en verdad quiero pasar un rato agradable con Guido, pero… ¡Argh! me lo pone tan difícil el maldito, que en cuanto empieza a atacarme con su sarcasmo, de inmediato me pongo a la defensiva y termino haciendo lo que mejor me caracteriza, que es comportarme como un completo animal sin modales (para joderlo más) ya que el alemán odia sobre manera la ordinariez. Es por eso que abro la puerta del coche y salgo a comprar los cigarrillos en la primera tienda que encuentro. Mientras le pido al dependiente que me alcance la marca de mi preferencia. Echo un rápido vistazo al automóvil. A lo lejos, el alemán parece un poco fastidiado – y no es para menos – pero no es el único, yo también estoy intranquilo y enfadado, porque las cosas no están saliendo como esperaba. Se supone que debíamos estar excitados por todo esto que está pasando a nuestro alrededor y no pelear por cualquier estupidez, pero nuestros caracteres son difíciles y parecemos cerillos que se prenden con cualquier fricción, por más pequeña que ésta sea.

Pago, y salgo de la tienda, con la clara intención de hacer más llevadero el trayecto hacia nuestro destino final. A partir de éste punto pondré de mi parte, y si Wulff quiere seguir jodiéndome, no le voy a dar el placer. Que haya un loco y no dos. Él es más loco que yo… Sí, mucho más, loco, loco, loco. Pero es ésa locura la que me atrae de su persona. Un tipo que no tiene pelos en la lengua y siempre te dice las cosas directamente y sin rodeos. En cuanto al aspecto físico, no es un sujeto musculoso, por el contrario parece muerto fresco. Pálido, demasiado delgado y con rostro anguloso, enmarcado por dos orbes extremadamente azules, que al mirarlos directamente, parece que hipnotizan. No es el clásico guaperas que va jactándose de su hermosura por la calle, por consiguiente es extraño y lo extraño me atrae como abeja a la miel.

Enciendo el primero de muchos, antes de entrar nuevamente a su carcacha, bajando el vidrio para que el humo no se impregne dentro. Saco medio brazo para que la ceniza caiga sobre el asfalto y no termine retándome por quemar el asiento (ganas no me faltan, pero he prometido portarme “bien” y trataré de cumplir)

– ¿Estamos a tiempo? – un comentario sobrio solamente.- ¿A qué hora tenemos la reservación? – echo el humo por la nariz, mientras nos movemos de nuevo por las callejuelas del barrio pobre, que es a donde pertenezco. El silencio se ha hecho presente, tal parece que ninguno de los dos está dispuesto a comenzar una charla cordial, o medianamente razonable. ¿Guido estará pensando lo casi lo mismo que yo? ¿Se habrá arrepentido de invitarme y solo me lleva para no perder algo de plata?

–Ya el panorama parece aclararse ¿No lo crees Wullf? Estamos en tu territorio- el paisaje va cambiando paulatinamente, mientras nos vamos alejando de la ciudad. De lo más aberrante, a lo más sofisticado de Hinnom´s. Ahora vamos transitando por una de las avenidas más importantes que cruza la zona residencial. Por donde quiera que se mire, hay residencias de diferentes tamaños y formas. Extensos jardines rodean las mismas y yo no puedo dejar de pensar que la riqueza está mal repartida. Allá en mi natal Rumania, la gente sólo puede ver éste tipo de paisajes por la televisión – cuando eres afortunado de tener una – o en las escasas revistas que llegan al centro de mi pueblo.

Mi pueblo.

Me pregunto: ¿Qué estará haciendo el abuelo en éste momento? Debe pensar que aún sigo encerrado en la cárcel, cumpliendo una larga y lacerante condena por asesinatos en primer grado. Quizás es mejor que lo siga creyendo. Es mejor así. Aunque muero de ganas de hablarle y escuchar su voz del otro lado de la línea. Su voz ronca y cansada, propia de su edad. Duele reconocer, pero lo extraño… Él es la única persona en el mundo que me entiende. El único.

El auto se detiene sacándome de mis pensamientos. Hemos llegado. Alzo mi vista y de inmediato me encuentro con un restaurante aún más lujoso de lo que me esperaba en un principio. Me siento empequeñecido de repente y tengo el impulso de mandar todo al demonio y huir. Si ¡huir! pero contengo las ganas de largarme, sólo porque soy demasiado orgulloso para aceptar que Guido la tiene de gane. Me voy a quedar hasta el final suceda lo que suceda. Aunque ya estoy tratando de actuar y aparentar algo que no soy, en cuanto un individuo se acerca para abrirme la puerta, hablándome en francés. ¡Qué demonios!


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Re: Hit me hard, right between the eyes.

Mensaje por Guido Wulff el Miér Feb 15, 2012 9:16 pm

Contuve el aliento por unos segundos más hasta que Marius abrió la puerta y abandonó el auto en búsqueda de sus cigarrillos. En ese momento, solté aire lentamente por mi boca y me acomodé un poco el cabello que se me había desordenado por la arriesgada maniobra que acababa de hacer. ¿Por qué había hecho eso?, ¿en qué estaba pensando cuando aceleré de aquella manera? Acaricié mi cuello con la yema de mis dedos. Sí… había sido por eso. No quería que me toque, ¿pero por qué?, ¿acaso todo este teatro no era para eso? Para confesarnos de una buena vez y… Me sobresalté al escuchar alguien manipulando la puerta de mi auto. Era Marius, que al parecer ya había comprado sus cigarrillos. Me apresuré en abrir las puertas y esperé a que se sentara bien para arrancar.

-Sí, sí estamos a tiempo.- Al parecer el ambiente estaba mucho más tranquilo, aquella parada de emergencia nos había hecho bien a ambos. –La reservación es…- ¿A qué hora era? Sin dejar el volante estiré la mano para abrir la guantera y de allí saqué un pequeño papel. Verifiqué que no hubiera ni un carro cerca con el cual pudiera chocarme y ojeé la caligrafía de Alfred en busca de la hora. -… es a las cinco y cuarto, pero podemos llegar hasta las cinco y media.- Le estiré el papel para que verificara él mismo por si no creía en mis palabras.

Comencé a manejar un poco más rápido porque, en la zona donde ahora nos encontrábamos, el estado de la carretera era mucho mejor y además no había el riesgo de que te saliera un desquiciado por cualquier esquina manejando, prácticamente, a cien kilómetros por hora. Y el rumano se dio cuenta del cambio pero yo no le presté mucha atención a su comentario, sobretodo porque eso de “tu territorio” había sonado bastante elitista. Menos mal ya estaba acostumbrado a aquellas cosas. –Ya estamos cerca.- Le dije cuando un semáforo nos detuvo. –Sólo es cuestión de avanzar dos bloques más y ya.- Giré el rostro para verlo pero parecía estar absorto en sus pensamientos. En resumen, no me estaba prestando atención. Torcí mi boca en una mueca de desaprobación. Ni modo.

Avancé los dos bloques que dije y frené el carro frente a una elegante construcción de una sola planta. Un señor esperaba a la bajada para que le entregara las llaves y así lo hice. De inmediato noté como los encargados se fijaban en los llamativos zapatos de Marius y tuve deseos de mandarlos al mismísimo infierno, pero me contuve porque no quería perder la reservación por culpa de mi mal humor. Nos abren la puerta un elegante señor y a su refinado “Bonsoir” yo le respondo con un marcado y grave “Hallo” que lo dejó pensando unos momentos. A que nunca lo habían saludado en alemán antes.

Llegamos a la mesa que nos indicaron y yo tomé el menú con cierta indiferencia, se notaba que estaba “muy a gusto” en aquel sitio. –Uno… dos…- Miré a Marius que anda hecho líos con el menú en francés y sentí compasión de él. –Nadie sabe francés aquí.- Le dije en voz baja para que solo él me escuchara. –Todos fingen porque no tienen nada mejor que hacer y si hay algo que aprendí de las veces que he venido, es que el cuarto plato de arriba hacia abajo es el mejor, así que pide ese y no jodas. Ahora…- Un mesero se acercaba así que me quedé callado por unos segundos. -… ahora carraspea con la garganta y has como si analizaras el menú.- Carraspeé con la garganta, me senté erguido en la silla y comencé a pasar mis ojos por aquella extraña caligrafía cursiva. Mmm… la “c” con la cola se me hacía bastante interesante.

-Bueno, yo ya sé que ordenar. ¿Tú?- Lo miré con complicidad. Quizá él era el único que sabía lo que ordenaría. Claro, el cuarto de arriba hacia abajo.
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Re: Hit me hard, right between the eyes.

Mensaje por Marius Lakkatus el Jue Feb 16, 2012 1:21 pm

RESTAURANT LE CINQ





Es un restaurante de una sola planta, al cual tenemos que acceder subiendo diez escalones (los conté mentalmente) lo primero que ven mis ojos, es al capitán de meseros, recibiéndonos con una gran sonrisa, que se desvanece en cuanto me ve mis tenis rojos, yo me hago el desentendido, mirando por encima de mi hombro, seguro de mí mismo. Al mismo tiempo no puedo dejar de apreciar lo elegante que es el interior y ese tono a media luz que le da un aire de inmensa tranquilidad. Música de piano y violín de fondo… ¡Joder! Solo espero no dormirme antes de cenar.

Nos han asignado una mesa del fondo, cerca del pilar - en una esquina estratégica - desde donde se puede divisar gran parte del restaurante. Hay mucha gente, pero todos sin excepción hablando casi en un susurro. Definitivamente no es un sitio al cual me gustaría venir con frecuencia. Demasiada quietud. A eso puedo sumarle a que hay demasiadas cosas esparcidas enfrente de mí, y que miro con molestia. Para mi basta con los cubiertos básicos: Cuchara, cuchillo y tenedor. También hay copas de diferentes tamaños y… ¡Arg! Demasiada ostentación. Definitivamente yo no encajo aquí. No me interesa pertenecer a un mundo tan sofisticado. Yo nací y crecí en una tierra salvaje y moriré salvaje.

Empiezo a sentirme incómodo. La corbata comienza a estorbarme y el cuello de la camisa me mata. Ojalá pudiera desabotonarme un botón al menos. Uno de mis pies se mueve nervioso por debajo de la mesa en cuanto nos entregan la carta del menú, forrada con una suave tela. Está escrito todo en francés garigoleado. ¡Yo no sé ni una pizca! Afortunadamente, Guido se ha apiadado de mí (tal vez para no dejarlo en ridículo, que es lo más probable) y me hace la recomendación de pedir el cuarto platillo de arriba para abajo. A eso pienso aferrarme sea lo que sea. Sólo espero que no sea una clase de platillo exótico que tenga que comerse con algún cubierto en específico. ¡Damn! El alemán no sabe lo ridículo que me siento. El mesero sigue esperando mientras yo me quedo observando la mesa. Hay un panecillo que se ve sumamente delicioso. Quiero tomarlo y acabármelo de un solo bocado pero no sé si sea “correcto” hacerlo. Guido vuelve a carraspear. Frunzo el ceño y le indico al joven con nariz prominente (típico francés) lo que deseo, señalándole con el dedo. Éste asiente y de y mediato le toma la orden a Wulff . En cuanto el mesero se va, lanzo un largo y pronunciado suspiro. ¿Hace demasiado calor o ya alucino?

–Así que ésta es la clase de lugares a los que sueles venir Wulff. – Juego un poco con el nudo de la corbata -. Estoy demasiado sediento ¿tú no? - ya mi otra mano descansa al lado de la servilleta. Mis dedos comienzan a tamborilear segundos después –. Es un buen lugar sin duda, muy sofisticado. Casi puedo imaginarte de pequeño, cuando apenas alcanzabas a asomarte por la silla, tomando en biberón de vidrio, con las medidas marcadas con números bañados en oro – sonrío un poco. La música instrumental sigue con el mismo tono triste. Acabaré volviéndome loco.

–Siendo honesto Guido. Hubiera preferido ir a tomar un café a cualquier sitio. Ésto es demasiado para mi orgullo rebelde. ¿O acaso quieres domarme? - levanto una ceja mirándolo con mucho interés –. De cualquier manera, es un recuerdo que me llevaré a la tumba. Ya tengo algo que contarle a mis futuros nietos -. Recargo mi espalda en el respaldar de la silla, mientras jugueteo con un cuchillo, haciendo algo de ruido -. Un alemán y un rumano cenando en un restaurante francés. ¿Quién lo hubiera imaginado?

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Re: Hit me hard, right between the eyes.

Mensaje por Guido Wulff el Jue Feb 16, 2012 7:55 pm

El elegante mesero se puso de pie junto a nosotros con su bloc listo para tomarnos el pedido. Le indico que primero le tome el pedido a Lakkatus y eso es lo que hace, mas sin embargo el rumano parecía estar confundido y lo tenía esperando. Me puse algo tenso, preocupado porque tal vez se había olvidado de la recomendación que minutos atrás yo le había hecho y comencé a mover mi boca pronunciando perfectamente: “El cuarto”, pero nada, no lograba que regresara la mirada hacia mí y ya se estaba demorando demasiado. ¡Scheiße! No me quedó nada más que carraspear mi garganta y, como si acabara de pronunciar algún tipo de palabras mágicas, Marius regresó a la vida y le señaló al mesero lo que quería. Suspiré. Menos mal, por un momento creí que me tocaría ordenar a mí en su nombre alegando… no sé, que a mi compañero le dolía la garganta y no podía hablar.

-Yo pediré lo mismo que el señor.- Repetí sin bacilar y luego le entregué la carta. Una vez que nos quedamos solos, tanto Marius como yo apoyamos los codos en la mesa para así poder hablar sin necesidad de levantar demasiado la voz. Me dijo que esa era la clase de lugares a los que yo solía venir y yo no pude evitar soltar una carcajada. ¿En serio creía eso? –De hecho no acostumbro a venir a lugares así, son demasiado aburridos.- Levanté la mirada hacia la, escandalosamente, grande araña que colgaba justo encima de nosotros. Si se caía, podía hasta matarnos, ¿a quién se le había ocurrido eso? –Pero creí que hoy podíamos hacer algo diferente, que podíamos aburrirnos los dos juntos.- Me encogí de hombros fingiendo inocencia y luego escuché fascinado su hipótesis de mi niñez perfecta. –Eres un ridículo, Marius.- Fue todo lo que le contesté antes de meterme uno de los panes de ajo a la boca y seguir escuchando sus barbaries.

-¿Demasiado para ti, dices?- Con elegancia dejé lo que quedó del pan de vuelta a la panera y limpié mis labios con una servilleta. –Pues… tal vez tengas razón. Quizá te sobrestimé, creí que por…- Iba a decir algo de su profesión, pero supuse que era una imprudencia así que reorganicé mis palabras. -… hacer lo que haces eras capaz de acoplarte a cualquier ambiente, pero bueno… si quieres podemos irnos.- Noté como su ceja se enarcaba sutilmente y sonreí. Perfecto, justo donde quería darle: en el orgullo. Ahora sí que nos quedaríamos a toda costa. -¿No?- No fue necesario que me responda, ya sabía la respuesta. –Está bien, nos quedaremos.- Al igual que él, me acomodé en la silla y aquel gesto fue como decir: “Bien, que venga lo que venga”. Era como si, tácitamente, habíamos pactado comportarnos e intentar disfrutar en un ambiente que no era agradable para ninguno de los dos.

-Pues yo he visto africanos en restaurantes japoneses, así que esta mezcla no me sorprende mucho.- Pero sin embargo su hallazgo no dejaba de ser gracioso, no me había fijado en ese detalle. –Y… ¿cómo va el negocio?- Fue lo único que se me ocurrió preguntarle. Volví a coger el pan de ajo que había dejado inconcluso y le acerqué la panera a Marius que, a leguas se notaba que se moría por llevarse uno a la boca. –Sigo sin entender bien la mecánica. ¿El cliente contacta directamente contigo o hay algún intermediario?- Pregunté sin siquiera mirarlo, estaba más distraído analizando la forma de aquellas rodajas de pan baguette.

-Mira, ya nos traen el vino.-
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Re: Hit me hard, right between the eyes.

Mensaje por Marius Lakkatus el Miér Feb 22, 2012 9:48 am

El panecillo no está nada mal. En cuanto le doy la primera mordida no puedo dejar de pensar que es un manjar de los dioses, y si el pan es exquisito, ya puedo imaginarme el resto de la comida. Comienzo a pensar que después de todo no fue una mala idea venir aquí, para “aburrirme con Guido”. Quiero sonreír, pero me limito a guardar mi alegría internamente. Me gustó que haya hablado en plural. Es la primera vez que le escucho decir algo semejante y viniendo de él, casi puedo considerarlo un cumplido.

–El negocio – como tú le llamas – No tiene ninguna mecánica. Trabajo por mi cuenta Wulff. Si quieres que algo quede bien hecho, debes hacerlo tú mismo. Y es todo lo que diré al respecto.

Hablar de mi modus operandi frente a él no me es cómodo. Siento algo parecido a la vergüenza. Mis mejillas se sienten encendidas. Por otro lado, a él no parece importarle demasiado. Pregunta con tal naturalidad que me parece bizarro. Debería tener miedo de mi, de lo que pudiera hacerle por el simple hecho de poseer algo que nunca he tenido (dinero, clase y posición social) sin embargo, sigue ahí, sentado frente a mí, degustando otro de los panecillos de la cesta. Quizás pudiera ser una señal inequívoca de que no le soy tan indiferente. Pero no quiero volar demasiado alto. Son sólo especulaciones mías. Guido es un tipo friky y extraño como yo. Lo que puedo considerar interés real en mi persona, bien puede ser morbo o qué se yo. He escuchado que los artistas, suelen frecuentar sitios de mala muerte, y enrollarse con tipos para encontrar su fuente inspiracional. ¿Acaso soy parte de un experimento artístico ? Mi estómago se encoge. Sería un fuerte golpe para mi ego, la terrible noticia de que el alemán me tolera, sólo porque soy una especie de conejillo de indias.

De pronto siento unas inmensas ganas de retirarme de ahí y dejarlo sólo, pero me contengo. No puedo dar rienda suelta a mis temores infundados. Uno de los fines y por los cuáles acepté la cita, fue porque tengo algo importante y revelador que decirle. Y no me iré de aquí sin hacerle partícipe y… Que ruede el mundo. Ya no puedo callarlo por más tiempo. El único problema es que se me presenta por el momento, es que no es un sitio en el cual me sienta cómodo. Tampoco quiero que sea la típica frase cliché: ¿Quieres ser mi novio? No… Con el alemán no funcionan así las cosas. Terminará por reírse de mí y me volverá a decir ridículo y entonces arderá Troya. Me conozco y sé que lo mandaré muy lejos. Por primera vez en mi estúpida vida quiero hacer las cosas del modo correcto. ¿Pero cuál es?

-Oh si, el vino ha hecho acto de aparición. -Contesto sin darle mayor importancia. Me he puesto de mal humor repentinamente.

Mientras el mesero hace todo el protocolo, para servir un simple par de copas y dejarnos el resto de la botella, encima de una especie de recipiente metálico para conservarla fría, yo me limito a mirar todo el rededor con aires de somnolencia. La mayor parte de la concurrencia es gente de la tercera edad. Sonríen y beben. Beben y sonríen. El sujeto de nariz ganchuda se retira. Tengo ganas de darle un buen sorbo a mi copa, pero no muevo ni un músculo, hasta que mi acompañante lo haga primero.

– ¿Y qué me dices de ti Wulff? – Tomo el último panecillo de la cesta para untarle un poco de mantequilla -. La última vez comentaste, que las ganas por regresar a la pintura de manera formal, estaban en su mayor auge, ¿se debe a algo en especial? – No pude contener las ganas de preguntar. Desde que Guido comenzó con sus problemas de adicción, la pintura fue relegada hasta un tercer plano – según sus propias palabras- aquella vez que tuvo un acto de sinceridad hacia a mí, y me contó algo de su atormentada vida. - ¿Algún día me mostrarás tus obras de arte, o seguirán vedadas para mis ojos impuros?

Sonrío un poco, masticando tranquilamente lo que resta del panecillo, mientras aflojo el nudo de mi corbata y desabotono el primer botón de la camisa, pues ya no soporto más. Necesito sentirme libre.

–Siempre he tenido curiosidad por saber qué clase de cosas pintas Wulff. Aunque para ser honestos, creo que lo único que alcanzaría a percibir serían… pfssss, absolutamente nada. Soy un tipo que ha crecido en los arrabales. No puedo compararme contigo, ni remotamente.

La teoría de que Guido sólo quiere acostarse conmigo, me taladra la cabeza. Si le estoy diciendo todo eso y me rebajo al peor nivel, es porque quiero que se desencante de mí de una buena vez, o termine por aceptarme tal cuál soy.
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Re: Hit me hard, right between the eyes.

Mensaje por Guido Wulff el Miér Feb 22, 2012 8:27 pm

Noté un dejo de fastidio cuando respondió acerca de su profesión y luego un ligero sonrojo que, a mí parecer, lucía bastante bien en él. ¿Acaso mi pregunta lo había incomodado? -Es tut mir leid.- Me disculpé dramáticamente en mi idioma natal. –No quería incomodar con mi pregunta, únicamente sentí curiosidad.- Me encogió de hombros y no dije ni una sola palabra más mientras el camarero nos servía a los dos una copa de vino hasta el tope. Únicamente me limité a observarlo y creí que el ceño de Marius no podía estar más fruncido. ¿Ahora qué carajos le pasaba? Solté aire sonoramente por la boca y me acomodé en la silla. Uno que intentaba hacerle conversación y el otro que se hacía el difícil. Para la siguiente ocasión, si es que la había, le pediría que me entregara una lista de temas que no debía tocar para no hacerlo enojar.

Tomé la copa y la batí suavemente con la mano en círculos y, justo cuando pretendía llevármela a la boca y dar un largo sorbo, el rumano se digna a hablar. ¿Ya se le había pasado el mal humor? -¿Qué que te digo de mí?- Repetí su pregunta sin entender bien lo que quería saber con ella. Afortunadamente Lakkatus pareció entender mi rostro de intriga y me aclaró el panorama. Quería saber sobre mi posible regreso a la pintura y qué era lo que me había impulsado a tomar esa decisión. –Pues, fue algo especial, sí.- Ni tan especial, pero especial al fin y al cabo. Me levanté, ahora sí, la copa y degusté aquel vino. Vaya… excelente, el mesero no perdería la cabeza aquella tarde. –No me conociste cuando estaba en el hospital pero, cuando estuve allí internado, las manos me temblaban demasiado, por la adicción.- Estiré una de mis manos simplemente para mostrarle que ya eso era cosa del pasado. Si bien es cierto quedaban pequeñísimos reflejos, pero nada comparado como era antes. –Y bueno, cuando terminé mi tratamiento y el temblor desapareció lo primero que hice fue coger un pincel y dar algunas pinceladas.- Mis ojos se perdieron en un punto indescifrable del restaurante y medio sonreí recordando el momento en que recuperé el control de mis manos. A decir verdad, si aquel chico Maurice no hubiera insistido tanto en que debía regresar a la pintura, jamás lo hubiera hecho eso. Así que en parte se lo debía a él, pero eso no era algo que Marius necesitaba saber. –Para no alargarte más la historia, ya cuando te conocí llevaba algunas semanas recuperando la técnica y por eso dije lo que dije.- Miré hacia todos lados para ver si nuestra comida ya venía en camino pero no se veía rastros de ella por ningún lado.

-¿Mostrarte mis pinturas, dices?- Le di especial énfasis a la palabra “pinturas” para darle a entender que eran eso y no “obras de arte” cómo él las llamaba no sé si por burla o por un burdo intento de halago. –Pues…- La pregunta me había tomado por sorpresa porque jamás pensé que Marius se interesaría en el arte, y por eso no sabía qué responderle. Yo era muy receloso con aquello y el rumano todavía no me daba la confianza. Aunque pensándolo bien, podía invitarlo algún día si el gustaba. Sí, eso le diría. Entreabrí los labios para dar mi respuesta pero aquel lastimero comentario, proveniente de la boca de mi acompañante, golpeó directo en mis oídos. Por un momento creí que estaba bromeando, que alguien como Marius jamás tendría esas crisis de baja estima pero, cuando no dijo nada más, supe que hablaba en serio. –No sabía que me tenías en un peldaño tan alto, rumano.- Me erguí en mi silla para dármelas de importante aunque a decir verdad lo único que quería era hacerlo reaccionar y conseguir que arroje esa máscara de falsa modestia. –Pero para tu suerte el arte abstracto no es lo mío, así que si tienes dos ojos y sentido común podrás entender mis cuadros sin ningún problema.- Punto. –Ahora, si te falta algo de eso, anda avisándome para no perder mi tiempo en invitarte.- Sonrisa adorable por algunos segundos y luego una muy oportuna distracción.

-¿Cuánto más se va a tardar la comida?-

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Re: Hit me hard, right between the eyes.

Mensaje por Marius Lakkatus el Dom Feb 26, 2012 5:24 pm

–Eso mismo quisiera yo saber. Tengo mucha, mucha… hambre.

Lo observo con descaro de arriba abajo, estirando mi brazo para tomar la copa de vino. Sin dejar de mirarlo, doy un par de sorbos, relamiéndome los labios, para quitar un poco de residuos, que se ha quedado en una de las comisuras. No es para nada elegante lo que hago, ¿pero a quien carajos le importa? A mí no, desde luego. He tratado de comportarme lo más “humano” los últimos minutos, pero a decir verdad, el papel que estoy jugando –de chico burgués – no me gusta en lo absoluto, y la música sacra que se escucha de fondo me tiene harto. Quiero volver a ser yo, aunque este enfundado en un ridículo traje.

Dejando a un lado las reglas de etiqueta, termino mi copa de vino de un solo trago, tomando la botella y llenándola de nuevo al ras, hasta en tres ocasiones.

– ¡Salud Wulff! – alzo mi cuarta copa, al igual que el tono de mi voz. Basta decir que algunos de los comensales han volteado hacia nuestra mesa, mostrando cierto interés – Brindemos por… - noto que el rostro de Guido refleja una mueca indescifrable. Puede que este enojado, molesto o curioso por lo que voy a decir – ¡Brindemos por la clase alta y la opresión de los pobres! – tal vez termine siendo echado por el dueño del restaurante, por irreverente pero no me importa. Aquellas parejas que minutos atrás miraban con interés, ahora me miran con asco, odio, o qué se yo. Termino la copa y me remuevo en mi silla. Me quito la corbata y la coloco en el respaldo de mi asiento. Desabotono un par de botones más, dejando al descubierto algo del pecho y me alboroto el cabello con la mano.

–La respuesta a tus plegarias alemán. Comida a la orden. Y además huele delicioso. ¡Uffs!

El mesero ha dispuesto una pequeña mesa, justo en medio de los dos. Guido y yo pedimos lo mismo, así que el hombre no tardo mucho en acomodarnos los platillos enfrente de ambos. Es momento de no hacer caso a los cubiertos que reposan hacia afuera de la fila. Me limito a tomar un simple cuchillo y tenedor.

– ¡Demonios! Qué bueno está esto – Con toda premeditación, toma la carne con ambas manos y la muerdo como si fuera una simple y llana hamburguesa – ¡Hm! Debimos haber venido antes aquí! la carne esta orgásmica – hablo con la boca llena, salpicando un poco de comida hacia afuera. No está demás decir, que lo estoy haciendo apropósito. No sé por qué estoy arruinando una velada como esta. ¡No sé por qué quiero hacer enojar a Wulff, haciéndolo quedar en ridículo. ¿Qué coños me sucede?
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Re: Hit me hard, right between the eyes.

Mensaje por Guido Wulff el Dom Feb 26, 2012 6:56 pm

-De seguro ya está por venir, no suelen tardar…- Un sonido me llama mi atención, es el inconfundible sonido del líquido llenando a poco la copa de cristal una, y otra, y otra vez. -… tanto.- Me quedo mirándolo por un momento y él me mira también. Sabe que lo que está haciendo está fuera de lugar, que sus malas mañas debía guardárselas para su pocilga y que aquí debería tratar de comportarse. Pensé que habíamos llegado a un acuerdo, pero no. Sigue empeñado en sacarme de quicio y aquellas gotas de vino que se derraman por la comisura de sus labios para luego ser capturadas por su lengua me están desesperando.

–Tranquilo Guido, sólo quiere cagarte la cena.- Sí, eso era lo que quería y yo no le daría aquel placer así que respiré hondo y sonreí. No fue una sonrisa amena, fue más bien una manera de decir: “Te mataré maldito cabrón”. Estaba seguro que me entendería, no era ni un tonto después de todo. Animal sí, pero no tonto. Siguiéndole el juego me serví también vino en mi copa pero debo admitir que aquel grito de “¡Salud!” fue un ataque para el cual mi campo de batalla no estaba preparado. Las miradas de todos los presentes se posaron en nosotros y fueron como granadas detonando y destruyéndolo todo, destruyendo mi orgullo. Sentí un frío recorrer la nuca. Así que… esto era vergüenza. La bomba nuclear llegó con aquel comentario socialista poco recomendable para el lugar en donde estábamos. Casi pude ver a los derechistas que se sentaban al frente de nosotros, sacar pistolas y darnos muerte. ¿Qué le sucedía?

Sin embargo me quedo callado, mirándolo fijo a los ojos mientras se desabrocha su camisa para terminar su actuación de niño malcriado. -¿Qué mierda acabas de hacer?- Le digo con voz baja pero con un tono impregnado con el suficiente odio para hacer temblar a cualquiera. -¿Qué demonios pasa por tu cabeza?- Poco me importa que el mesero esté allí, sirviéndonos los platos. En este momento, para mí, solo existe Marius Lakkatus y esas ganas enormes que tengo de saltar a su cuello y degollarlo. Pero el imbécil era yo, por haberlo traído a este lugar aún cuando sabía que podía hacerme algo como esto.

El frio en mi nuca todavía seguía presente y me sentía tan impotente que incluso el hambre se me había ido. Lakkatus ni siquiera me escuchaba y, por si no me había dejado en el ridículo suficiente, ahora comía el filet mignon como si fuera una vil carne de mercado. Bote aire por mis fosas nasales e intenté calmarme, pero todo el coraje que estaba reprimiendo estaba afectándome. Ya no podía seguir allí, definitivamente no podía estar ni un segundo más frente a aquel imbécil. Si continuaba viéndolo comer así, y con aquella sonrisa que me decía “me importa un bledo”, terminaría por matarlo. Así que, dejando mi plato intacto, coloqué la servilleta sobre la mesa y me levanté. Eso sí, no me iría sin decirle un par de cosas. –Espero que estés contento, cabrón, acabas de arruinar la maldita cena.- Le acerqué mi plato de mala gana haciéndolo chocar con una copa de agua que tambaleó hasta caerse y derramar todo su contenido sobre el mantel.

-Atragántate con tu puerca carne que es cortesía de la casa.- Media vuelta y caminé hacia la salida. En el camino, el dueño del local me intersectó pero con una seña de mi mano entendió que no debía joderme y que podía cargar lo que se le viniera en gana a mi tarjeta. Yo únicamente quería largarme de allí.


Última edición por Guido Wulff el Lun Feb 27, 2012 3:59 pm, editado 1 vez
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Re: Hit me hard, right between the eyes.

Mensaje por Marius Lakkatus el Lun Feb 27, 2012 11:54 am

El agua derramada por la mesa, alcanzó mi pantalón, pero no me moví un solo centímetro. ¡Vaya que el alemán se había enojado en serio! Me dejó sólo, aguantando las miradas punzantes de todos los ahí presentes. Me quedé pensativo unos cuantos minutos, picoteando la carne, decidiendo qué hacer: Irme o seguir a aquel idiota. Alcancé la botella de vino, y me la bebí directo de la botella para darme un poco más de valor. Ya me había decidido. En realidad siempre supe la respuesta, pero ¡joder! Es tan difícil. Siempre termino complicándome la existencia. Si las cosas fueran de otro modo…

Pero de no haber actuado como un auténtico patán, en éste momento seguiríamos cenando, lanzándonos miradas furtivas, y platicando de cosas irrelevantes, comportándonos como dos entes fuera de éste mundo. Nosotros no somos así, a pesar de que vengamos de diferentes estratos sociales. En algún punto de esa abismal diferencia, siempre hemos sabido acoplarnos. Es por eso que me obligo a levantarme de mi cómoda silla, tomar mi corbata, “y abandonar el barco, para lanzarme por la borda”.

El capitán de meseros y el mesero de nariz ganchuda, me ven salir, pero no me dirigen una sola palabra. En el fondo deben estar saltando de alegría por mi partida (al igual que yo) les doy la espalda, caminando muy seguro de mi mismo, mientras voy escrutando el panorama para encontrar la figura espigada de Guido. No le veo por ningún lado. Ya he revisado de izquierda a derecha, y viceversa.

–Rayos…

Me acerco al valet parking y pregunto por él. El sujeto me dice que acaba de abordar su auto y me señala con la mano hacia el frente. Metros más adelante, el audi espera que el auto de enfrente termine por caminar. Escucho el sonido del claxon. Al parecer Guido tiene mucha prisa por irse. Si no lo alcanzo, se irá la única oportunidad que tengo. No pienso ni quiero perderla. Cuando me doy cuenta, ya me encuentro corriendo en aquella dirección.

<< No aceleres… ¡No aceleres Maldita sea! >>

El auto comienza a moverse como en cámara lenta. Acelero a todo lo que dan mis piernas, poniéndome justo a un costado, palmeando la puerta con mi mano, para que se detenga. Pero el vehículo sigue su marcha. No puedo ver a través del vidrio polarizado. No sé si Guido sepa que soy yo quien le está pidiendo que se detenga, (porque ya hemos salido a la avenida rápida y los demás autos han tenido que frenar, tocando el claxon en repetidas ocasiones para que me haga a un lado) Tal vez, ya se haya percatado de lo contrario y se esté vengando de mí, pero no me importa, tengo que detenerlo al costo que sea.

– ¡Wulff! ¡Detente de una puta vez!

No voy a poder seguir el ritmo por mucho tiempo. Cuando estoy a nada de darme por vencido, me percato de que el auto gira un poco hacia la derecha para detenerse en la bahía de emergencia. Lo dejo avanzar un par de metros hacia adelante para recobrar el aliento. La intermitentes del auto comienzan a funcionar. Camino lentamente, cansado de la pequeña gran carrera. Quiero hacer el mayor tiempo posible, aunque quisiera que el mismo se detuviera. Aún no tengo claro cómo es que voy a comenzar y si Guido aún esté dispuesto a escucharme. Debe odiarme en éste preciso momento, por haber hecho aquellas estupideces dentro del restaurante. Pero era necesario hacerlo salir de ahí a como diera lugar. De haberme comportado como él lo deseaba, jamás me hubiera atrevido a nada.

Ya estoy a un lado del auto. Trato de abrir la puerta pero ésta tiene seguro. Es más que lógico que Guido no quiere que entre, porque aparte de todo, estoy escurriendo de pies a cabeza, la lluvia ha arremetido con fuerza. Dejo salir un grande y pronunciado suspiro. No tengo otra alternativa, más que pararme enfrente del coche y obligarlo a verme de una u otra forma. Finalmente me decido a hablar.

–Guido – carraspeo un poco al decir su nombre de pila, ya que nunca me refiero a él de esa manera-. -Sé con certeza que no quieres saber de mí. Inclusive puedo pensar que desearías arrollarme con el auto en éste preciso instante, pero…

No quiero rebajarme, joder que no quiero. ¡Maldito mi orgullo!

–… Pero hay algo importante que debo decirte. Ya no puedo esperar un minuto más.

El motor del auto sigue encendido. Incluso camina un poco más hacia adelante, obligándome a dar dos pasos hacia atrás.

-¡Wulff! Joder… ¡Tienes que saberlo! – sigo parado enfrente del auto. No estoy dispuesto a dejar que se vaya tan fácil - ¡No te dejaré ir! ¡Me escucharás aunque sea lo último que haga!
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Re: Hit me hard, right between the eyes.

Mensaje por Guido Wulff el Mar Feb 28, 2012 3:26 pm

El parqueo estaba vacío y oscuro. Sólo había un hombre detrás de un pequeño mostrador ubicado en una esquina. Me sonrió amablemente, luego de decirme que esperaba que hubiese disfrutado la comida, y abrió una especie de repisa de vidrio en donde colgaban las llaves de los autos de todos los clientes. –Es un Audi.- Indiqué para apresurar su búsqueda y yo también me puse a ver para ayudarlo. No era difícil de reconocer porque el llavero era de color plata con el inconfundible logo de la marca . –Es esa de allí.- Señalé con mi mano derecha y no tardó en sacarla y ponerla a mi alcance. –Danke.- Ahora sí podría irme, y poco me importaba que el imbécil de Marius estuviera tan lejos de su casa, seguro sabía como coger un bus y regresar.

Salí del cubículo de parqueo y, cuando iba a llegar a la rampa y salir de aquel subterráneo, una hilera de carros me obligó a detener mi marcha. –Por un demonio.- Estiré mi cuello lo más que podía para intentar saber el porqué de la congestión y enseguida divisé a un inútil, parqueado justo antes de la rampa, que no podía sacar su carro de retro. Golpeé el volante con mis manos y luego toqué la corneta en repetidas ocasiones. ¿Quién le había dado la licencia a ese? Me prendí del claxon una vez más y, enseguida, la fila pareció avanzar. Al fin…

Enderecé las llantas con un suave giro del volante y avancé a poca velocidad para coger la rampa sin dañar mis neumáticos. Cambié a segunda listo para subir la cuesta y escucho un golpe en la puerta del copiloto. ¿Qué demonios? Miro en aquella dirección enseguida pensando que tal vez he raspado la pintura pero enseguida me doy cuenta que se trata de Marius que, no conforme con el ridículo que me ha hecho pasar en el restaurante, ahora persigue mi auto como mujer desesperada. –Serás animal.- Pronuncio con odio mientras salgo a la avenida principal y acelero ignorándolo por completo. Sin embargo, en mi “huida” me he ganado un tic y estoy que miro el espejo retrovisor una y otra vez. Controlando a Marius, viendo como corría tras mi auto sin importarle que los conductores tras él fueran insultando todo su árbol genealógico. –¿Qué es lo que tienes en la cabeza, rumano?- Me pregunto y, en cuanto lo veo detenerse, bajo la velocidad, y la bajo más, y más, y ya a la mierda. Enciendo las direccionales y me estaciono en los parqueos de emergencia. Si quería hablar, que hable.

Veo como se va acercando, primero por el retrovisor y luego por los espejos laterales cuando intenta abrir la puerta. ¡Ja!, ¿y encima pretendía que lo dejara entrar mojado en mi carro? Hago como que no le he visto y miro interesado su estrategia de plantarse justo frente a mi auto. Bien, ahora podía acelerar y matarlo. Nadie se daría cuenta porque encima el bastardo era un infeliz huérfano.

-Guido-

Hago rugir el motor y clavo mis ojos azules en los de él.

-Sé con certeza que no quieres saber de mí…-

Bla, bla, bla. ¿Si ya lo sabía para qué me hablaba entonces? Avancé con cuidado un par de centímetros y sonreí cuando divisé miedo en su semblante. Tan culpable se sentía que hasta creía que lo iba a matar, pobre ser. Pero no, no iba a matarlo y apagué el carro para darle a entender que su vida no corría peligro. Ahora… no sabía si quería escucharlo. Seguramente me vendría con excusas de mierda, me diría que ese no era su ambiente, que lo había hecho por los dos y mierdas por el estilo. Sí, era casi como si lo estuviera escuchando. Pero esta vez no iba a dejar pasar su comportamiento cavernícola, ya muchas veces me había hecho de la vista gorda pero ahora ya no pensaba hacerlo. Estaba cansado, cansado de sus mierdas y de su comportamiento energúmeno y si había hecho un esfuerzo sobrehumano para olvidar todos los desplantes que me había hecho era simplemente porque… -Dilo Wulff.- Bueno ya, me gustaba. Punto.

Apoderado de aquel sentimiento, bajé los seguros y le hice una señal para que se acercara. Está bien, lo dejaría hablar.

-Muévete, que no tengo mucho tiempo.- Mirada fija en sus ojos, brazos cruzados, cejas enarcadas. Listo para recibir sus excusas de pacotilla.

-Escupe.-
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Re: Hit me hard, right between the eyes.

Mensaje por Marius Lakkatus el Mar Feb 28, 2012 6:27 pm

Bien, el primer paso, y el más “denigrante” ya estaba dado. Se detuvo más de fuerzas que de ganas, pero lo conseguí. Ya estaba pensando seriamente en subirme al cofre de su auto y sostenerme de alguna parte de su toldo, en dado caso de que quisiera arrollarme (y lo creo muy capaz) e irme columpiando por toda la avenida, como en una verdadera película de acción.

El motor sigue rugiendo como endemoniado. Debo irme con cuidado y explicar exactamente lo que quiero decir, porque corro el gran riesgo de terminar de derramar la última gota de paciencia de Guido – o la mía- ya que estoy desesperado por bajar esas barreras que siempre tuve hacia con él, por miedo a salir lastimado, ¡pero qué carajos! Es todo o nada.

Ahora lo tengo frente a mí. Lo observo a través del medallón delantero, cruzado de brazos, enarcando esa ceja, y torciendo la boca. Escucho el *click* de los seguros del auto. Al parecer quiere que entre y poder hablar, pero no lo haré. Si voy a lanzarme al ruedo, lo hare desde donde estoy.

Ya el saco comienza a pesarme demasiado, así que me lo quito y lo tiro hacia atrás importándome poco que se llene de lodo. Me limpio un poco la barbilla, ya que el agua escurre demasiado por aquella zona y me incomoda. Llevo mis manos hacia la cintura y adopto una posición más cómoda, mirando hacia algún punto hacia mi derecha, tratando de encontrar un poco de cordura o inspiración, para ser completamente sincero y creíble, que es lo que más deseo: Que Wullff crea en mis palabras.

-Sé que no soy el mejor de los tipos que has conocido – comienzo a hablar en un tono alto para que me escuche, todavía con el nudo en la garganta – ¡Soy un rebelde sin remedio y sin modales! Visto como el diablo me da a entender y no tengo un estilo definido – agacho la mirada y me rio de mi mismo, debo parecerle patético. Yo mismo me siento así -. Me gusta la comida chatarra, la cerveza - y demás bebidas baratas que venden en cualquier estanquillo- y… no me gusta comer en restaurantes finos, donde la hipocresía se respira por todos lados, como lo habrás notado – me rio por el tremendo show que armé ahí dentro -. La vida de rico no va conmigo porque no pertenezco a tu círculo Guido Wulff. – Ya siento que mi rostro ha adoptado una mueca de seriedad y me sorprendo del grado de importancia que le estoy dando a mi confesión -. A eso puedes sumarle, que soy un delincuente sin causa aparente, que en cualquier momento cometerá un error, y terminará encerrado en alguna cárcel de mala muerte. –dejo salir un grande suspiro -. Todavía me pregunto qué es lo que viste en mí – ahora soy yo quien se cruza de brazos y lo miro fijamente -. Pero sea lo que sea que te haya hecho acercarte, quiero que sepas que… Todo éste tiempo que hemos compartido – ya sea entre peleas y bromas ácidas – ha sido lo más jodidamente excitante de toda mi nefasta vida. Creo que, me has hecho ver que a pesar de todo, soy una persona… Ya sabes. Que no soy un animal, como mucha gente me dice por la calle.

Adopto otra posición. (La número veinticuatro cuando me siento nervioso, pero tranquilo) que es meter mis manos a las bolsas delanteras y balancearme un poco, como si tuviera vergüenza de ver hacia adelante, porque me han pescado en algo gordo.

-Creo que después de todo, vale la pena seguir viviendo en el planeta, mientras haya personas como tú-. Ya solo falta la música de violín de fondo y que me dibujen corazoncitos rojos alrededor, como en los animes japoneses, por ñoño y cursi. – Ya puedes reírte de mi Wulff, pero antes de que enciendas tu auto y me lo eches encima, para que me dejes formar parte del asfalto, debo decirte una última cosa. La más sincera, y la más importante de todas…

Me acerco nuevamente hasta la puerta y le toco la ventana, pidiéndole que baje el vidrio eléctrico. El mismo va bajando lentamente. Me pongo en cunclillas recargando mis antebrazos y barbilla en el filo de la puerta. Lo miro un par de minutos, deleitándome. Poco me importa seguirme mojando y morirme de frio.

-Te amo Wulff. Y te amo en serio… - Mi corazón late a mil por hora – Ahora puedes hacer lo que desees. Podría morir tranquilo en este momento, porque jamás pensé que te revelaría mi verdad, pero ya ves, el maldito amor te vuelve idiota y te hace decir y hacer cosas como éstas. –Me encojo de hombros y me levanto finalmente, volviéndome a poner delante de su auto. Cierro los ojos y estiro mis brazos.

-Venga, ahora ya puedes atropellarme por cínico, por haber arruinado la cena y por haberte dicho que estoy loco e irremediablemente enamorado de ti.

Me quedo ahí parado en aquella ridícula posición, esperando sentir las llantas sobre mi cuerpo.
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Re: Hit me hard, right between the eyes.

Mensaje por Guido Wulff el Mar Feb 28, 2012 10:37 pm

Tal parece que Marius prefiere no entrar a mi auto y en parte mejor porque está mojado y no quiero que arruine los forros de cuero que le puse días atrás. Lo veo quitarse el saco y pienso que lo único que está haciendo es fanfarronear su cuerpo y mostrarme como la tela se adhería a su cuerpo producto de la lluvia. Sí, ya todos sabíamos que se ejercitaba todos los días, no tenía por qué hacerme un striptease para demostrármelo. Sin embargo, me detuve a mirar por unos segundos y luego volteé la vista hacia la izquierda fingiendo aburrimiento; si me había detenido es porque algo tenía que decirme no porque algo tenía que enseñarme.

Y justo en ese momento en que creía que sólo me estaba haciendo perder el tiempo, lo escucho hablar y fue imposible no regresar a mirarlo. Aquel principio no había sido muy normal que digamos y una enorme ola de curiosidad acababa de caerme encima. Comienza a enumerar el sin número de defectos que tiene y yo asiento una y otra vez dándole la razón. –Yo te agregaría malagradecido también.- Pronuncié en voz baja a sabiendas de que no me escucharía.

Como el discurso comenzaba a ponerse aburrido, abrí la guantera y comencé a rebuscar en ella en búsqueda de mi celular. Era mi intento de fingir indiferencia pero si alguien pudiera leer mis pensamientos en ese instante, podría darse cuenta que lo único que hacía era mover mi mano de un lado al otro, revolviendo las cosas sin intenciones de nada. Mis oídos seguían atentos a las palabras del rumano, escuchando todo lo que decía. Encontré el celular en mi expedición errática pero se rodó de mis manos y regresó al sitio en donde se encontraba en cuanto escuché una frase extraña. ¿Qué valía la pena seguir viviendo en este planeta mientras haya personas como yo? Volví a sentarme erguido y con la vista al frente. Una extraña sensación nació en mi pecho, era algo similar a la alegría pero todavía no me sentía lo suficientemente alegre como para decirle a mi rostro que sonría. Estaba confundido y nuevamente no sabía cómo demonios reaccionar. ¿Por qué tenía que decirme todo esto justo cuando acababa de cometer la burrada más grande de toda su existencia? Se suponía que debía odiarlo y lanzarle maldiciones durante, por lo menos, seis horas. Pero no, venía con todo… con todo este ataque de repentina sinceridad a dañarlo todo. A hacerme olvidar su comportamiento animal, a hacerme perder la creatividad para insultarlo y a obligarme a tener ojos y oídos únicamente para él. Boté aire por la boca. Era un gran imbécil, pero más imbécil era yo por estar allí como idiota escuchándolo gritar bajo la lluvia.

Un ligero golpeteo me saca de mi ensimismamiento y enseguida notó que se trata de Marius que me pide que baje la ventana. Ya no puedo negarme, sería ridículo de mi parte decirle que no bajaría el vidrio cuando ya me había parado en medio de la lluvia por él. Busqué resignado los botones y presioné el indicado para bajar la ventana de a poco.

-Te amo Wulff.-

Me suelta pero mi mirada sigue al frente. Tomé aire lentamente por la nariz y lo boté a igual velocidad por la boca.

-Y te amo en serio…-

Lo miro, pero no con coraje ni con fastidio. Lo miro algo triste y como diciéndole: “¿Estás escuchándote?”. Teníamos un mar de diferencias y por más que él me amara y yo lo amara también, la convivencia nunca iba a ser buena, nunca. Él mismo lo había dicho, no era de mi mundo ni yo del de él. Y lo peor era que a mí no me interesaba salir de mi mundo y a él tampoco del suyo. ¿A dónde íbamos a llegar? Miro sus brazos estirados y sus ojos cerrados y mi mente sopesa varias acciones que podía tomar. Podía irme, y evitar sumergirnos a los dos en una relación enfermiza que bien podría terminar por alocarnos; o… podía quedarme y abrazarlo. Me mordí los labios con ansiedad, tamborileé el volante una y otra vez y busqué respuestas en el suave caer de las gotas de lluvia. -¡Maldita sea!- Golpeé el volante y sin querer toqué el claxon sacando a Marius de su meditación trascendental. Me vio, yo lo vi y abrí la puerta del piloto para salir.

-Yo también te amo.- Le grité desde donde estaba. -¿Quieres ir a comer hamburguesas?- La verdad comer hamburguesas siempre había sido mi idea original, ¿en qué momento me había dejado desviar? –Vamos, tú invitas.- Le hice una seña con la mano para que se acercara. Y sí, tal vez aquella había sido la declaración de amor más insípida sobre la faz de la tierra, pero vamos… cada quien tiene sus formas de amar, ¿no?

FIN DEL POST
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